Mercados de Abastos









Construcción Mercado San Juan, Amalio Gombau








El 15 de octubre de 1908 fue la fecha elegida por D. Ángel Borrego de Dios para inaugurar el mercado del Ángel, edificado en lo que hoy es la plaza de España 7-9 y que en aquellos años se consideraba Avenida de Canals o de la Estación o simplemente afueras de la puerta de Toro.

D. Ángel era hijo del propietario y constructor don Ildefonso Borrego Agudo, se había licenciado en derecho civil y canónico en 1884 y ejerció durante algunos años como abogado y juez municipal suplente. Fue concejal del ayuntamiento desde 1894 hasta 1902, ocupando diversas presidencias de comisión e incluso llegando a ser alcalde accidental.
Posteriormente ingresó en la carrera de aspirantes a judicatura y en 1906 continuó su carrera de hombre de negocios con la representación en Salamanca de la compañía aseguradora La Catalana. Ese mismo año, la muerte de su padre le coloca al frente de una parte de los negocios familiares, otra parte la heredó sin duda su hermano menor Domingo Borrego Gómez (hermano de padre). D. Ángel heredó los solares en donde un tiempo antes D. Ildefonso había iniciado los trabajos de construcción de una barriada en el paseo de la Estación, en el ensanche de la ciudad que había emprendido el Sr. Mirat. La barriada recibió el nombre popular de pasaje I.B.A. en alusión al pasaje que con entrada por el paseo de la Estación y salida por la calle 1º de Mayo daba acceso a los vecinos, e I.B.A. por las iniciales del nombre del constructor con las que solía decorar las fachadas de sus obras. La urbanización se encontraba junto a la fábrica de cervezas del señor Vonarburg, luego palacete del marqués de Llen. Tal vez por amor filial o por la idea de dotar de servicios a la nueva barriada o quizás por ambas cosas, inauguró a principios de 1908 la capilla de San Ildefonso que dedicada a la memoria de su padre, serviría de iglesia a los vecinos. Simultáneamente construyó el mercado del Ángel.

El mercado del Ángel era un edificio rectangular, con fachada de sillería de piedra franca y dos plantas construidas sobre un solar de 400 m2 de superficie. La primera planta contenía 24 casetas de venta, dedicándose tres de ellas a la administración del edificio. La planta superior la componían tres galerías con 28 casetas, disponía también de espacio al aire libre donde se montarían puestos diversos. El pavimento era de hormigón y cemento, adquiriendo el agua de un pozo situado en un corral interior que llenaría cuatro depósitos desde donde partirían las tuberías para el suministro de las fuentes, los siete urinarios y los cinco retretes con los que contaba. Un director-administrador, un oficial mayor para las oficinas, dos auxiliares, un conserje, cuatro mozos de aseo, dos serenos, un pregonero o rematante y los subalternos necesarios sería el personal necesario para su funcionamiento, además dispondría de seis criados y seis criadas para llevar a domicilio los géneros comprados.

Imagen publicada por El Labaro del 02/01/1909

La inauguración oficial se retrasó hasta el 1 de enero de 1909, realizándose sin la debida licencia de apertura por parte del Ayuntamiento, que para entonces aún no había contestado la instancia presentada por D. Ángel, a la espera de los informes del arquitecto municipal y de la Junta de Sanidad.
La inauguración contó con la presencia del Obispo de la Diócesis, R.P. Valdés, que bendijo las instalaciones, y del gobernador civil, pero no hubo ningún representante del Ayuntamiento de la ciudad. Esta ausencia anunciaba problemas, chinitas, al decir de algún periodista de la época, que el Ayuntamiento pondría a esta iniciativa particular, enfrascado como estaba desde 1899 en la tediosa construcción de un mercado cubierto que le permitiese mantener el control sobre el comercio de la ciudad.
El 27 de enero, el Ayuntamiento denegó la apertura del nuevo mercado a la vista de los informes emitidos por el arquitecto municipal y la comisión de la junta provincial de sanidad. El arquitecto solicitó un certificado en el que se detallase minuciosamente los materiales y las condiciones de seguridad de la construcción y la Junta de Sanidad, la colocación de aparatos que contrarrestasen las altas temperaturas que pudiera alcanzar en verano la planta baja del edificio e informó del deficiente funcionamiento del servicio de agua y retretes.
Frente a tal eventualidad, D. Ángel presentó un recurso de alzada ante la Comisión Provincial rebatiendo las razones dadas por el Ayuntamiento, al considerar que la memoria presentada por el arquitecto del mercado detallaba ampliamente las circunstancias de la construcción y que de los informes del inspector y de la Comisión de la Junta Provincial de Sanidad se deducía que no existían causas fundadas para dudar de sus condiciones higiénicas.
Dicho recurso se resolvió seis meses después, cuando el gobernador Civil de la provincia dictó sentencia a favor de D. Ángel Borrego permitiendo que el mercado continuara abierto sin perjuicio de que el Ayuntamiento pudiera inspeccionar, en virtud de sus atribuciones, lo que afectase a la higiene y salubridad.
Para entonces, julio de 1909, el Mercado Central de Abastos ya había abierto sus puertas y albergaba a una mayoría de los vendedores de la ciudad, que sin duda prefirieron un lugar más céntrico y sin la inseguridad de las licencias administrativas. A pesar del intento de atraer vendedores que alquilaran puestos, no fue posible que el mercado prosperase y apenas un año después de su apertura, fue cerrado y posteriormente vendido. Este negocio y quizás otros llevaron a D. Ángel Borrego a la ruina, que a principios de 1910 pretendió fijar su residencia en Argentina, sin que sepamos con seguridad si lo consiguió puesto que al año siguiente, el 25 de julio de 1911, murió en Salamanca por causas que también desconocemos.

La foto fue tomada durante una de las reformas del parque de la Alamedilla. Ninguno
de los tres edificios existe como tal hoy día, aunque el de la derecha, de 1929
y  diseñado en estilo ecléctico por Joaquín Secall, conserva de modo testimonial
su fachada integrada en la del hotel Alameda Palace, el de la izquierda es el viejo
edificio del mercado del Angel ejerciendo de almacén de hierros  y coloniales,
el del centro fue construido en la misma época que el del mercado también por
Angel Borrego, ambos desaparecieron en los años 70 del pasado siglo
para dar paso a un único bloque de viviendaS.


El local, bajo distintos usos, formó parte de la imagen cotidiana de la Plaza de España durante decenas de años hasta que fue derribado a principios de los años 70.