Establecimientos Comerciales


Muebles Huebra en la calle San Pablo, Luis Gonzalez de la Huebra

Fotografía Horna, Angel de la Horna

Sombrerería Horna

Foto publicitaria de los almacenes Pérez y Paradinas

Establecimiento de Enrique Prieto



Grandes Almacesnes de Tejidos  de Ricardo González Martín y Cía, en el nº3 del Prior



Niños ante la pastelería de La Mallorquina. Abierta el 31 de mayo
 de 1908 entre Poeta Iglesia y calle Navio


Sastrería la Popular de José Gordo Centenera, en la Plaza del Corrillo

Joyería Fernando García en la Plaza Poeta Iglesias.
Los García fueron una de las familias de comerciantes más activas
de la ciudad además de este negocio de joyería,  platería y comercio de
piedras preciosas, fueron conocidos por otros negocios en los que
participaron como La Unión Salmantina de Electricidad,
la Explotadora de la Nueva Plaza de Toros, el Café Novelty
o el Garaje Moderno.




Establecimiento de D. Prudencio Santos Benito. Mundo Gráfico 25-09-1912.

Entrada al taller de Marmolista de Seseña, en la calle del Doctor Riesco.

La Catalana, Banco Vitalicio de España y Anónima de Accidentes.
Agencia General de Seguros de Arturo Gómez y Gómez. Calle del Doctor Riesco, 51.
Mundo Gráfico 25-09-1912





Entrevista publicada en la prensa salmantina de 1917 al comerciante D. Mariano Rodríguez Galván

“Seguimos, amigo lector, nuestra romántica y devota obra de desempolvar de los viejos cofres de sándalo, donde los años, inexorables y pasajeros, depositan sus recuerdos, á la antigua Salamanca, difuminada en la penumbra lejana del tiempo, como trazo borroso, pero interesante; como un libro amable para leer en sus páginas cómo fueron los hombres y las cosas de aquellas edades, en que nuestros antepasados vivieron sus minutos henchidos de alegría y rumiando sus dolores, el eterno rosario de todo el vivir humano. Y hoy nos acercamos á este venerable ejemplar castellano, en quien la voluntad puso sus fragores bizarros, y el entusiasmo y la fé grabaron sus más vigorosos resaltes. 
D. Mariano Rodríguez Galván ¿Acáso hay un salmantino que desconozca a este pulcro vejete, cenceño, menudo, movible, que corre y desanda las rúas, investigando con sus ojillos bullidores, que tiene para todos una cordialidad afectuosa y un lindo mohín de comerciante ducho, campechano y cortés? D. Mariano es algo más. Su representación en Salamanca, su participación en todo movimiento progresivo de las clases industriales, su celo ardentísimo para iniciar y fomentar la riqueza comercial de la capital, hacen que su figura tome un céreo de aureola que grabará su nombre al lado de aquellos dos patricios salmantinos, que se llamaron D. Anselmo Pérez Moneo y D. Juan Casimiro Mirat. Acabamos de trazar dos nombres que el recuerdo y la veneración pública nos impone descubrirnos fervorosamente. Y al contemplar en este año trágico de 1917 á la pobre Salamanca, desvalida y rutinaria, estancada en su progresivo avance, como un espectro que debate sus anhelos en una irremediable esterilidad, pensemos, un poco entristecidos, si se habrá agotado la raza de salmantinos fuertes y patriotas y generosos que como estos tres que acabamos de nombrar con respeto impulsaren el porvenir de la ciudad con las vigorosas iniciativas de sus fecundos empresas. 
— ¿Es usted salmantino, D. Mariano? —interrogamos á nuestro interlocutor, mientras nuestros cigarros forman volutas caprichosas en el ambiente. 
— No, señor. Yo soy de Rioseco, provincia de Valladolid. Muy joven me colocó mi padre en un comercio de Madrid, casa de D Valentín Morales, de muchísima importancia en España, dedicándome al viaje. Corrían los años 62 y 63, cuando el siguiente me trasladé al servicio de otra empresa también comercial, Pérez Sáinz y Vicente, de Valladolid, donde después de estar un poco tiempo en el despacho de almacén me dedicaron al viaje, especialmente para remesas de metálico, que cobrabamos al propio tiempo que colocábamos los géneros.
— ¿Desde luego. Viajé toda la provincia de Salamanca, desde Avila, donde cogíamos la diligencia, tocábamos en Peñaranda cuya plaza siempre trabajé, y llegabamos a la capital, Aquí me esperaba siempre un famoso arriero de Cantagallo, apodado Cachamay, el cual, con dos caballerías, me acompañaba rodando por esos caminos de Dios, á Béjar, Plasencia y la región extremeña, en cuya ruta empleábamos setenta ú ochenta días. Tal fué mi aprendizaje profesional, que ejercí con verdadero entusiasmo. ¿Después? Que me casé en Salamanca, estableciéndome en el negocio que hoy continúo, en el Corrillo, casa matriz en el edificio de Dª Micaela Brusi, que derivé una sucursal en la plazuela de la Verdura, el año 85, y en el 94 ya amplié mis ventas al por mayor en gran escala con el almacén actual de la calle de Toro.
-¿..? 
— ¿Comercios  antiguos? Muchísimos y muy interesante su recuerdo. En el ramo de tejidos existían el de Lobarinas, Carabias y hermano, tienda al detall, de gran fama y prestigio, situado en la plaza de la Verdura, donde hoy está establecido D. Miguel Iscar, D. Vicente Santa María é hijos, donde está actualmente Novelty; D. Sergio Herrero, con almacén al por mayor en la plaza de la Verdura; D. Eufrasio Herrero, con igual negocio en la rinconada de la misma plaza; D. Ricardo Contreras, comercio al detall en la Escalerilla del Ochavo; viuda de I. Benito y sobrino, casa regentada por D. José M. Benito, de negocios bancarios; Dª Fidela Brusi, comercio de telas finas, regido por su dueña, señora de una competencia extraordinaria. Existían también importantes comercios para la venta de galones y mercerías, como la de D. Francisco de la Peña Olazábal y su hermano D. Pedro. 
-¿...? —Sí, señor, estos galones se vendían en cantidades fabulosas, pues además de usarse en el traje típico del país, era tal la novedad de ellos, que las mujeres llevaban galones plateados hasta en la cabeza. Y no hablemos de los célebres de seda de Talavera, cuyo consumo para gargantillas de San Blas eran de muchas docenas. 
-¿..? 
—En pañería estaban D. José Blanco, comerció que dirigía su hijo D. Eduardo; D. Cándido Hernando, en la esquina de la calle del Prior, y el Sr. Alcalá, al lado del Correo. En el ramo de mercería. D. Prudencio Santos y D. Marcos Santos Benito, establecidos en la Plaza Mayor; uno, donde lo está hoy D. Primitivo Muñoz, y el otro, donde continúan el negocio sus hijos. Existían ya las casas de Huebra y Campo. Y un ramo de grandísima entidad, el comercio de tripas que ejercieron la casa Fourcade, D. Cayetano Fabrés con banca y cereales y D. Joaquín Colj, hombre de vastísimos negocios. 
—¿Y los mercados productores.. ? 
—Todas estas casas se surtían de Barcelona y algo en artículo fino que se importaba de Francia y Austria, Y cuando los comerciantes locales no salían á verificar las compras, ni se conocían los viajantes, arribaban á Salamanca las famosas galeras de Barcelona repletas de géneros que vendían á los industriales salmantinos en la posada de los Caballeros ó en el parador da los Toros, que actuaban de Ionja de contratación. Estas expediciones solían hacerse en dos épocas del año: por Pascua de Resurrección y en la feria de Botijero. 
-¿ .? — ¡Oh! Este capítulo sí que ha variado. Los antiguos dependientes de comercio estaban internos en las casas de sus principales, en medio de un ambiente de intimidad, que hoy el progreso de los tiempos ha entibiado infortunadamente, traduciendo lo que debieran ser relaciones estrechas y patriarcales en luchas pomposamente llamadas sociales, Había dependientes de verlas categorías: de cuchara de plata con menaje en la mesa del principal', y de cuchara de palo, arrinconados en las mesas de las cocinas, según la importancia del comercio. Los días de asueto turnaban de quince en quince, de modo que el que salía el domingo por la tarde, estaba de guardia por la noche en el otro turno correspondiente. Era obligación y costumbre rezar e! rosario en la camilla del hogar con la familia del dueño. Los sueldos representaban la quinta parte de la soldada actual. Y eran condiciones indispensables para ejercer la profesión la moralidad probada y su laboriosidad manifesta. De este modo las relaciones de patronos con dependientes oscilaban en una órbita de semejante patriarcalidad, que el prurito del subordinado era captarse la simpatía del dueño, haciendo de pasada la rosca á algún retoño familiar que terminaba en boda. De este modo suplía la falta de título académico, ostentando la sagrada honorabilidad del Individuo, que se hacía copartícipe de la fortuna y de la honradez del principal. Y como las exigencias de los tiempos eran reducidas, de aquí que la mayoría de los dependientes obtuviesen pingües ahorros, base de su establecimiento posterior. -¿...? 
—Figúrese, algún baile que otro en El Oriental y La Salmantina. La taza de café dominical en la antigua Perla en el café de Richonis ó en el Suizo. Lo que sí existía era la misma afición taurina, en las fiestas que se celebraban en la Plaza de las Adoratrices, en la Plaza Vieja ó en la Plaza Mayor. Y, sobre todo, la divertida del toro enmaromado que se celebraba en la Plaza de los Bandos. 
-¿...? —Se lo dije el principio. La casa matriz de mis negocios ha sido la del Corrillo, bifurcada después en las sucursales de la plaza de la Verdura y de la calle de Toro (almacén). Comencé vendiendo, claro que en épocas de felicísimos resultados, unos 40 á 45 000 duros. Hoy realizo operaciones por valor de dos milIones de pesetas. Principié con tres muchachos que mantenía y tres que cobraban sueldo. Hoy trabajan en mi casa 28 empleados y cuatro viajantes. Mis ventas se extienden por las provincias de Salamanca y Cáceres y por parte de la Avila y Zamora. Plaza donde más opero, Ciudad Rodrigo, y que más haya progresado, la del Guljuelo. -¿...? 
—Inmodestamente he cooperado en todas las obras iniciadoras de progresos mercantiles. Fui fundador del Círculo de Labradores, de la Cámara de Comercio, con el Marqués de Villalcázar. Pertenecí también á la Unión Nacional, con don Paco Núñez y Caballero Noguerol. Recuerdo que asistimos á las famosas sesiones de la asamblea de Valladolid, en la cual y en la sesión celebrada en el teatro Calderón, se pidió el poder en una exposición luminosa. Cumpliendo los acuerdos allí tomados, nos resistimos al pago de contribuciones, que más tarde, cuando se apagó el fervor bélico, nos ocasionó el embargo de su importe, con recargo y demás gabelas

He aquí, lector, un fragmento de la vida salmantina en el pasado siglo. Manojo de añoranzas pretéritas, que hoy, un diablejo periodista, se atreve á ofrecerlas, perfumando, con sus olorosos recuerdos, las páginas de un diario, para deleite de las generaciones presentes. 
Yo."