Calle de Bordadores




Textos en preparación.

Calle de Bordadores en el plano basado en
Francisco Coello de 1858 y en 2012






foto 1. La casa de las Muertes. 1867 Laurent, J. (1816-1886).


foto 2. La casa de las Muertes. Laurent, J. (1816-1886).


foto 3. La calle Bordadores. Venancio Gombau.


foto 4. La calle Bordadores.


foto 5. Casa de las Muertes en la calle Bordadores.


foto 6. Las casas de las Úrsulas. 1932. Autor desconocido (foto del CDAHA).


foto 7. Casas apoyadas en el convento de las Úrsulas, derribadas en 1939, enfrente de la Casa de las Muertes..


foto 8. Carro por la calle Bordadores.


foto 9. calle Bordadores.


foto 10. Calle de Bordadores. 15 de abril del 62..


foto 11. Calle Bordadores 1962.


foto 12. Postal de la calle de Bordadores. Principios de los años 60 del siglo XX.


foto 13. Limpieza de la estatua de Unamuno en 1968.






facebook 19/12/2014

Mucho había cambiado esta calle medieval. 

Su nombre, de origen gremial, se justificaría solo con los muchos datos sobre la presencia de artesanos bordadores en la zona, sin embargo parece ser debido a otros artesanos, los fabricantes de bohordos. Estas eran unas varitas o cañas obtenidas de juncos de espadaña y empleadas en los juegos de cañas. Estos Juegos, especie de torneo medieval propio de caballeros, se remontan al siglo XII y en ellos un grupo de hombres a caballo se arrojaban entre sí los bohordos, a modo de lanzas, parándolos con los escudos. 

Dicen que dejó de practicarse a inicios de siglo XVIII, sin embargo es prácticamente seguro que pervivió, perdiendo su carácter noble, en forma de “dreas”. Aquel “juego infantil” que se practicaba, durante el siglo XIX y gran parte del siglo XX, entre dos grupos de mozalbetes que se arrojaban piedras entre sí, aún sin mediar discusión alguna, solo por amor al arte, y que terminaba cuando aparecía la primera sangre, normalmente en forma de “pitera” en la cabeza, que se usaba a modo de escudo. Aquel “juego”, por fortuna, desapareció, quizás porque nuestras calles acabaron siendo asfaltadas, desapareciendo aquellos empedrados poco duraderos y fuente de gran parte de la “munición”.

Mucho había cambiado esta calle medieval y mucho había de cambiar hasta hoy, basta mirar al fondo de la imagen.

PS. "Pitera" no es una palabra aceptada por la R.A.E. ¿Quién lo iba decir?





facebook 15 de diciembre de 2014 

Junto a los muros del convento de las Úrsulas, y aún antes de que estos fueran construidos, discurrió la alberca o arroyo de los Milagros. El arroyo se formaba tras el encuentro, a la altura de la Cuesta del Carmen, del regato del Anís, nacido al noroeste de la ciudad, y del regato del Salitre, que entraba por las inmediaciones de la puerta de Zamora. El escaso espacio constructivo en los tiempos de esplendor de la ciudad, provocó que, en esta zona, junto a la alberca se construyeran casas, que con el tiempo, al cubrirse el cauce, se adosaron a los muros del convento. La característica de estar sobre el cauce de la alberca, hizo a la zona propensa a inundaciones en épocas de lluvia y víctima de malos olores en las de sequía. 
De esta forma, durante siglos, bajo la imponente y ostentosa "torre de la Úrsulas" y adosado a los muros de su convento, existió este conjunto de casas que proporcionaba una opresora estrechez a la calle de Bordadores a la par que daba una mayor longitud a la contemplativa calle de las Úrsulas.
Esta es la calle que ensimismó a Unamuno y que contempló desde su balcón.

«mientras veo cubrirse de verdor a esos negrillos que se amparan ahí enfrente, al abrigo del convento. En esa verdura se sosiega mi magín y paran en ella mis mientes. Sobre esa verdura pasan las nubes. Fuera del bullicio de calles y plazuelas, ese verdor es como un reclamo al silencio y al aquietamiento interiores.»

La centenaria manzana desapareció cuando fue demolida, tras la Guerra Civil.




facebook 17 de diciembre de 2014 


La preciosa postal muestra el estado de la, entonces llamada, plaza de las Úrsulas a principios de los años 60. 
En 1939, comenzó a derribarse el triángulo de casas adosado a los muros del convento de las Úrsulas, dentro del plan urbanístico que el arquitecto Victor D’Ors había diseñado para la ciudad, basándose en razones fundamentalmente esteticistas y muy alejado de la realidad económica de postguerra.
El nuevo espacio urbano generado perseguía una mejora visual de los edificios representativos de la zona, la casa de la Muertes, la casa del Regidor Ovalle y la iglesia de Santa María de los Caballeros, además de proporcionar mayor esbeltez de la torre de las Úrsulas. La urbanización de la zona, con la pavimentación, jardinería y arreglo del muro del convento, no estuvo completada hasta 1945.
La postal muestra el pozo, que debió pertenecer a algunas de las casas derribadas entre 1939 y 1941, pero no muestra la estatua que en homenaje a Unamuno y para su recuerdo, se instaló frente a la que fue su casa en la calle Bordadores entre 1914 y 1936, la casa del regidor Ovalle Prieto. La estatua en bronce y pedestal de granito, obra del escultor Pablo Serrano, fue inaugurada el 31 de enero de 1968.

Del corazón en las honduras guardo
tu alma robusta. Cuando yo me muera, 
guarda, dorada Salamanca mía, 
tú mi recuerdo.

Y cuando el sol al acostarse encienda
el oro secular que te recama, 
con tu lenguaje de lo eterno heraldo
di tú que he sido. 

Unamuno