Calle de Balmes

De no ser por las desguarnecidas ruinas que afloran del solar que fue pista deportiva de la Universidad, nada, o casi nada, refresca la memoria de lo que fue esta zona.
Ninguna otra parte de la ciudad demuestra tan drásticos cambios. De poblado celtibérico al olvido; del olvido a parada de los señores de la guerra a la sombra del robusto Alcázar; de área militar a judería de laberínticas y angostas calles de modestas casas con corrales; de judería  a sede de grandes instituciones educativas y religiosas con magnas construcciones y escasas calles; y de aquí a la devastación de la guerra.  Devastación no solo causada por enemigos y aliados, sino también por la desidia e incompetencia posterior de gobiernos y gobernantes.
Hoy, apenas nada recuerda lo que fue. Ni siquiera su nombre.


Calle de Balmes en el plano basado en
Francisco Coello de 1858 y en 2012*

* En esta zona el plano de Coello presenta algunos errores, el más significativo es el nombrar como "Solar del Colegio Mayor de Oviedo" a lo que en realidad es el solar del Colegio Mayor de Cuenca. La situación del "Ex-Colegio de la Magdalena" tambien es errónea, probablemente en ese lugar se encontraba la capilla del Colegio Mayor de Cuenca. El error quizás sea debido a la cercania del "Nuevo" Colegio de la Magdalena sede de la Escuela Normal de Maestras en época de Coello, situado en el solar de lo que luego fue Colegio-Residencia Universitaria San Bartolomé, "el Bartolo", en la Plaza Fray Luis de León, hoy trasladado al Campus Unamuno.





foto 1. Vista del Trilingüe y la Catedral.



foto 2. Antiguas instalaciones del Botánico.



foto 3. Vista del Trilíngüe.



foto 4. Casa del Colegio de Santiago, antes de su última reforma.



foto 5. Una vez desamortizado en el siglo XIX, en el solar que fue del convento de los Agustinos, D.Telesforo Oliva construyó las viviendas que conformaron las calles Longaniza y Oliva.(Tenemos la foto por gentileza de Manuel Tomás Castañeda que la subió al facebook del blog el día 19/04/14).



foto 6. Calle Balmes.



foto 7. Trilingüe al final de su vida útil en 1969 con la facultad de Ciencias ya construida (Archivo Universidad de Salamanca).






La Calle

Las excavaciones arqueológicas en el solar de las Pistas del Botánico de los años 1997-1998 y 2001, verificaron la presencia celtibérica en la zona entre los siglos III y I (a.c.), con el hallazgo de construcciones de adobe, mayoritariamente de tipo domestico, sobre solera de pizarras con presencia de hogares, silos y otras estructuras de almacén.
Aunque escasos, algunos restos cerámicos testimonian, así mismo, su ocupación en época romana. Otras excavaciones en el área, como la del solar del Trilingüe en 1998, encontraron muestras más contundentes de ocupación romana entre el siglo I y el V, asentadas sobre vestigios de una ocupación celtibérica anterior.

Y como en el resto de la ciudad, ningún resto de los siglos VI, VII y VIII.

Pobres también han sido los hallazgos de época pleno medieval, en la que la zona estuvo ocupada por las élites guerreras encargadas de la defensa del concejo, al cobijo del Alcázar y bajo el culto de San Pedro (1) (de la iglesia de San Pedro tampoco ha podido ser recogida ninguna información arqueológica, aunque han aparecido ciertas piezas románicas que podrían haber pertenecido a esta parroquia).

Con el fin de la reconquista, el papel de estas élites guerreras decayó en beneficio de poder eclesiástico, Cabildo y las ordenes monásticas, que acapararon la propiedad del terreno. Como consecuencia de ello las referencias a la zona en la documentación conservada comienzan a ser numerosas, sobre todo debido a los pleitos derivados de la cesión de inmuebles propiedad del clero. Cesiones con los que la iglesia complementaba sus ingresos.

siglo XIII

El entorno fue ocupado principalmente por judíos repobladores al amparo de las dos instituciones que les protegían: la Corona representada por el Alcázar y El Cabildo por Santa María de la Sede. La Aljama se estructuraba a través de dos calles principales la Rúa Nueva (libreros) y la calle Mayor de la Judería (San Pedro) que conducía desde la Iglesia de San Bartolomé a la Puerta de San Juan. Conformada por un abigarrado entramado de calles, con sencillas construcciones de forma rectangular y de materiales pobres, entre las que se intercalaban edificios públicos cristianos (Las Iglesias de San Juan Evangelista, San Salvador, San Pedro y San Millán) y judíos (La sinagoga Mayor, la Menor, Midrás,..).
La progresiva caída en desgracia de la Aljama, que desembocó en el decreto de expulsión de 1492, propició el cambio de la propiedad de los inmuebles a manos de comunidades religiosas y universitarias, necesitadas de espacios dignos para la formación de los futuros dirigentes del nuevo imperio. Pronto el intrincado laberinto de callejuelas, va dejando paso a unas magníficas edificaciones privadas estructuradas en muy pocas calles, es el momento del convento de San Agustín, del Colegio Mayor de Cuenca, del Trilingüe, del Colegio de Rey, del Convento de los Mercedarios, del de San Cayetano...

siglo XVIII

La Guerra de la Independencia, significó el fin para la mayoría de estas construcciones. Demolidas en 1812 para la construcción de fuertes de defensa del ejercito francés, víctimas de los estragos del asalto aliado y sus consecuencias, perjudicadas por las desamortizaciones y por la perdida de rentas de las instituciones que los mantenían y la penuria económica general, sus restos acabaron sufriendo el abandono de las autoridades y el expolio de sus materiales por propios y extraños hasta la completa desaparición de muchos de estos edificios.
De una zona destinada a actividades educativas y religiosas durante el s. XVI, XVII y XVIII, se da pasó en el s. XIX a un área predominantemente militar, con los cuarteles de la Albuera y de Intendencia, y residencial con la construcción de viviendas sobre el solar que fuera convento de San Agustín. Manteniéndose esta situación hasta bien entrado el siglo XX, durante el cual se recuperó, en gran medida, el uso universitario de la zona.



La puerta de San Juan del Alcázar


La puerta de San Juan del Alcázar constituía una de las cinco puertas de la muralla altomedieval de Salamanca, la “cerca vieja”, estaba situada aproximadamente  a la mitad de la cuesta que hoy conocemos como cuesta o calle de San Juan del Alcázar. Recibe su nombre por su proximidad al Alcázar y a la inmediata iglesia de San Juan Evangelista, ambos desaparecidos.



Fue transformada  en el siglo XIII, disponiéndose en  acodo. De pequeñas dimensiones, podría ser calificada de portillo. Su paramento externo estaba compuesto de cascotes, mientras que el interno presentaba técnica con baño de mortero. Fue cegada en el siglo XVII para impedir el contrabando de vino y demolida en 1865.


El Alcázar de Salamanca

La situación privilegiada de la escarpada Peña Celestina, fácilmente defendible y con un claro dominio sobre el vado del Tormes, determinaría sin duda la ubicación de algún tipo de atalaya o fortificación de fines defensivos desde tiempos ancestrales. 
Los restos arqueológicos del Alcázar y las pruebas documentales que han llegado hasta nosotros atribuyen su construcción al deseo del infante D. Sancho hacia 1280. Sin embargo, son varias las alusiones a la existencia anterior de un “Castillo viejo”, del  que además conocemos una lista de alcaides desde 1206 hasta 1210 (Villar y Macías, 1887).
El “Alcázar Nuevo” representó, desde su reedificación, el símbolo del poder real, en detrimento de la casta de los señores de la guerra, germen de la futura nobleza, que ostentaban su tenencia hasta entonces, cuyas intrigas y conspiraciones determinarían a la postre su demolición.

En 1288, pocos años después de su reedificación, los partidarios del infante D. Juan, que pretendía el trono frente a su hermano Sancho IV, encabezados por Diego López Campos asolaron el territorio de Salamanca y se apoderaron sorprendentemente del Alcázar, causando graves daños en la ciudad hasta que fueron expulsados por sus habitantes.

Durante el conflicto entre  Pedro I “el cruel” o “el justiciero”, según el gusto, y su hermano bastardo Enrique, luego Enrique II llamado el “fratricida”, el obispo de Salamanca  Don Alfonso Barraza mantuvo  la ciudad y el Alcázar a favor de D. Pedro, a pesar de lo cual, en 1369, Enrique II otorgó un privilegio a la ciudad que liberaba a sus moradores de todo tributo, pecho y pedido.

El conflicto entre Enrique IV de Castilla, llamado por algunos “el impotente”, y Alfonso de Castilla, llamado por otros “el inocente” nombrado efímeramente como Alfonso XII de Castilla, constituye uno de los periodos más apasionantes de la historia de España y sumamente importante para nuestra ciudad y cuya resolución condujo al trono a Isabel I de Castilla, la reina católica.
Durante este enfrentamiento, Salamanca contaba con un gran número de descontentos hacia el rey Enrique, principalmente del linaje de San Benito, que dirigidos por Pedro González de Ontiveros se habían apoderado del Alcázar. En 1469, para recobrar la ciudad y su Alcázar fue preciso la llegada de D. Suero Solís con tropas leales desde Pruna en Andalucía y que ayudado por la otra facción de la ciudad lograron su objetivo. La consecuencia de estos hechos fue la orden de demolición de la fortaleza con objeto de evitar que en el futuro pudiera ser de nuevo  guarida de descontentos.
 A cambio de esta pérdida, la ciudad recibiría importantes beneficios, entre ellos las penas del fonsario o cementerio de los judíos, las rentas y derechos de casas de cristianos y judíos del distrito del Alcázar y del castillaje y montazgo y pasaje de los ganados que pasan por el puente, así como el solar y los materiales del mismo y sobre todo la concesión de la feria franca celebrada desde entonces en el mes de septiembre. El principio del Privilegio reza así:

"E por los muchos servicios, é  leales, é buenos, señalados oficios, que vosotros me habéis hecho, é facedes cada dia, é ficieron vuestros antepasados á los Reyes onde venimos por la grande fidelidad, que yo siempre en vosotros, é en el Revérendo Padre Fr. Gonzalo de Vivero Obispo de esa Ciudad, é Oidor de la mia Audiencia, é mi Consejo,é de el Dean, é Cabildo de ella, é en el Rector, é Doctores é Universidad etc...."

La documentación permite conocer que la destrucción del Alcázar se acometió a partir de 1472, pero no fue completa, quedando cuando menos el torreón en pie.
Parte de sus restos llegaron a principios del siglo XIX, en el ambito del convento de San Cayetano que ocupó parte del solar del Alcázar desde finales del siglo XVII, siendo derruidos por el ejercito francés durante la ocupación en la guerra de la Independencia, al considerar que al estar a la misma altura que el fuerte de San Vicente podrían ser utilizados para atacarlo. Utilizaron 200 libras de pólvora para su demolición y, de inmediato, comenzaron la construcción de un nuevo fuerte sobre sus ruinas: el fuerte de San Cayetano.
Se carece de una descripción del Alcázar y como única imagen, el difuso perfil de la vista de Anton Van de Wyngaerden, dibujante holandés que realizó a partir de 1561 y por encargo de Felipe II una serie de 62 vistas de ciudades y pueblos de España. De la vista de Wyngaerden se deduce el estado ruinoso del torreón a finales del siglo XVI y la presencia de escaragüitas, un tipo de garitas que sobresalen de los muros para mejorar la visibilidad de los soldados, probablemente resultado de reformas efectuadas en el siglo XV.
Estado anterior a 1997 de la Peña Celestina

Estado en 2012 de la Peña Celestina,
con los restos del Alcázar al descubierto

Los restos arqueológicos, gran parte de ellos puestos al descubierto en 1997 tras la demolición de una fábrica y almacén de curtidos a los pies de la Peña Celestina, se reducen a: el basamento del gran torreón acompañado del paramento adyacente, ambos de mampostería irregular calzada con ripia de pizarra y una torre más pequeña que muestra tres periodos constructivos: el primero de grandes sillares de granito; el segundo, en mos quadratum (sillería escuadrada) medieval compuesta por sillares de arenisca y marcas de cantero, tal vez correspondiente al periodo de la reedificación del “Alcázar Nuevo”; y el tercero, un remate neoárabe construido en ladrillo perteneciente a la edificación del cuartel militar que ocupó el lugar desde 1880 hasta los años 60 del siglo XX.



El Colegio del Rey...

Antes de que la poderosa Orden Militar de Santiago hubiera resuelto en 1534 fundar este colegio en Salamanca, ya disponía de colegio en esta Universidad. En 1497 en capitulo celebrado en Alcalá de Henares se había decidido su fundación. El primitivo colegio estaba  formado por un rector y ocho colegiales, cuatro procedentes de la casa conventual de Uclés y los otros cuatro de la de León,  correspondiendo los estudios a cuatro juristas y cuatro teólogos. Los colegiales de las dos casas conventuales estuvieron unidos hasta que por desavenencias se establecieron en dos casas separadas. Los de Uclés, en una casa en el Patio Chico a la derecha de la puerta de Acre, con la fachada lateral a la calle Setenil, la casa fue conocida como “casa de la cabeza” pues fue colocada en ella, dentro de una hornacina ojival, un busto con larga barba y sombrero de peregrino representando la cabeza del apóstol Santiago. Los de León se instalaron en una casa en la calle de la Moneda, luego llanada de la Longaniza y hoy calle Balmes, que perteneció a la Universidad y que todavía existe, aunque muy reformada, en la que podemos ver dos escudos, uno  con la cruz de Santiago y otro con una venera (vieira), además del sello que indicaba la propiedad de la Universidad.

Casa en la calle Balmes que fue colegio de la Orden Militar de Santiago


Cuando cesaron las disputas, volvieron a unirse y ocuparon desde 1556 una casa en la calle de Setenil, permanecieron en ella hasta 1576 que se trasladaron al edificio del nuevo Colegio de Rey a pesar de no estar terminado.

Según Eleuterío Toribio Andrés, el emperador Carlos V, en una visita a Salamanca, manifestó el deseo de figurar entre los fundadores de las notables instituciones existentes en la ciudad. Acompañando al Emperador venía Don Lope de Armijo, Oidor de Granada y Don Luis Silvela, Capitán General que había sido en la ciudad de Brujas, en Flandes. Los dos eran caballeros de la orden de Santiago al igual que el Corregidor Don Andrés López Espinar y el deseo del Emperador sirvió para que la Orden consiguiera el objetivo de refundar el colegio bajo patrocinio real, que por este motivo recibió el nombre de “Colegio del Rey”.
Hacia 1560 comenzaron las obras del colegio siguiendo las trazas de Rodrigo Gil de Hontañon, que murió en 1577 sin que la obra hubiera finalizado. Las obras continuaron bajo la dirección de Juan Gómez de Mora y  posteriormente de Juan Moreno.

Fachada principal del Colegio del Rey. Dibujo de Gómez de Mora (Archivo histórico Nacional)

El edificio poseía un magnifico patio con galería alta y baja con columnas de orden dórico. González Dávila lo considera uno de los mejores edificios que poseía salamanca y Ponz lo define como una obra verdaderamente seria y majestuosa.  En el siglo XVII se le añadió la capilla en estilo churrigueresco a expensas de un antiguo colegial que fuera obispo en las indias.
La comunidad la constituían diez y ocho colegiales, ocho de Uclés, ocho de San Marcos y dos de Sevilla, de los cuales once estudiaban artes y teología y siete canones, permaneciendo durante nueve años en el colegio. El hábito que usaron fue manto negro cerrado, muceta negra y al pecho la divisa o cruz de la orden.
El edificio fue derribado por el ejército francés, durante la guerra de la Independencia, a principios de 1812, alegando que estorbaba los fuegos del Fuerte de San Cayetano, erigido sobre las ruinas del vecino convento del mismo nombre, sus materiales fueron utilizados en la construcción de otros reductos defensivos.
En 1821 se inicia una lenta reconstrucción que se verá interrumpida al decidirse, en 1880,  dedicar  el recinto a cuartel de intendencia perteneciente al Ramo de la Guerra, aprovechando para el mismo las obras realizadas. Fernando Araujo nos dice que en 1885 aun podía verse en pie el ala meridional entera de su patio de honor con su doble galería de columnas de granito, seis en cada cuerpo sin contar las adosadas de los ángulos, y casi entera también el ala oriental pudiéndose apreciar por tanto la belleza de tan celebrada fábrica.

Imagen que con probabilidad corresponda al patio del Colegio del Rey

El solar continuó utilizándose para funciones militares hasta principios de los años 60 del siglo XX cuando se inició la construcción de la Facultad de Ciencias.

Distintas vistas del Cuartel de Intendencia


El terreno del Parque de Intendencia, que englobaba los antiguos solares del Colegio del Rey y alguna parte de los del convento de San Cayetano, fue entregado a la Universidad el 26 de noviembre de 1963, previo pago de una indemnización de seis millones de pesetas que fueron abonados por el Ministerio de Educación. Fernando Población fue el encargado de realizar el proyecto, con un edificio moderno alejado del historicismo que había imperado en las edificaciones universitarias de posguerra, pero integrado en el entorno. El proyecto recibió la aprobación del ministerio el 19 de enero de 1965, con un presupuesto de 80 millones de pesetas. La ejecución del edificio planteó numerosos problemas al aparecer restos del colegio del Rey, sobre los cuales se actuó de forma un tanto negligente ante la necesidad de culminar la obra. El edificio estuvo operativo para el curso 1970-1971, después de haberse realizado un buen número de modificaciones.

Construcción de la Facultad de Ciencias.
Fondos Universitarios




En 1979, la Facultad de Ciencias se separó en tres licenciaturas: Matemáticas, Física y Geología. En 1982, Matemáticas abandonó el edificio trasladándose a la Merced; en 1984 lo hizo Farmacia, cuya licenciatura se había impartido allí desde 1971, y en 1989 se trasladó Físicas a su nuevo edificio sobre el solar del Trilingüe. Quedando el edificio para las licenciaturas de Química y Geología.
Estos cambios y el paso del tiempo han hecho que fuera preciso intervenir en el edificio en diversas ocasiones, siendo la más importante la ejecutada entre 1993 y 1994, adaptando el edificio a las nuevas necesidades de seguridad y educación.



Colegio y Convento de San Cayetano

La orden de los clérigos regulares o teatinos, llamada así por el nombre latino de la ciudad de italiana de Chieti  (Theate), donde era obispo Juan Pedro Caraffa (luego Paulo IV) su fundador junto a Gaetano di Thiene (San Cayetano). La expansión de la orden les llevó hasta Madrid, donde se establecieron en 1629 en la iglesia del Hospital de los italianos, posteriormente fundaron casas  en Zaragoza (1630) y la de la Expectación y San Matías en Barcelona (1632),
En el año 1683 llegaron a Salamanca algunos clérigos regulares dirigidos por el vizcaíno Gerónimo  Abarrategui con la intención de abrir casa y colegio de estudiantes. Compraron a la Real Clerecía una casa modesta que, según Villar y Macías, había pertenecido a un judío llamado Hain Pardo, situada a espaldas del Colegio de Rey en la calle que llevaba a la puerta de San Juan del Alcázar. El 12 de diciembre de 1683, se hizo la solemne colocación del Santísimo con lo que quedaba oficialmente inaugurado el colegio. El Obispo don Francisco Calderón de la Barca les hizo donación de nueve casas contiguas al colegio en la calle del Águila Vieja (San Pedro),  que era la que iba hasta San Cayetano  entre el Colegio de Cuenca y San Agustín, además de 7000 ducados con lo que pudieron construir un nuevo edificio que aliviara su escasez de espacio. El edificio comenzó a construirse en 1705 y se terminó en 1709.
Poco o nada sabemos de su fábrica, salvo que era más modesto y de menores dimensiones que los edificios vecinos. Construida por Domingo Díez, su iglesia presentaba una llamativa espadaña churrigueresca que remataba el pórtico, que Antonio Ponz criticaba, aunque prácticamente lo hacía con todo lo que no tuviera un gusto clásico, lo que nos permite, al menos, inferir que tendría cierto valor estético.  
En marzo de 1812, el ejército francés lo derruyó, junto con las ruinas que en él quedaban del Alcázar de Salamanca, y en su solar edificaron el fuerte de “San Cayetano” que debía de apoyar al fuerte de “San Vicente” ante un inminente asalto aliado. El asalto llegaría en junio y fue tomado junto con el reducto fortificado de la Merced, que pese a su nombre se encontraba muy cerca del fuerte de San Cayetano, sobre el solar del Colegio del Rey o incluso sobre el propio solar del convento de San Cayetano.
Después llegaría la ruina y en 1821 su restos materiales fueron vendidos por el procurador de los Cayetanos de Madrid al Colegio de la Magdalena que reedificaba su edificio en ese tiempo.
Finalmente, en 1880, su solar fue ocupado por el Cuartel Militar de Intendencia, que luego dejaría paso a las Pistas del Botánico, la Facultad de Ciencias y el parking subterráneo.




El Colegio Trilingüe, una vida azarosa...

A principios del siglo XVI, el aumento progresivo del alumnado en las cátedras de gramática y lenguas clásicas perjudicaba seriamente la enseñanza eficaz de estas materias necesarias para cualquier estudio posterior en la Universidad. Este problema había hecho plantear al claustro la  necesidad de crear una institución auxiliar, encargada de la instrucción en latín, griego y hebreo, semejante al colegio Trilingüe de Alcalá establecido por Cisneros, a su vez inspirado en el de Lovaina.
Y aunque en 1538, el visitador real  D. Juan de Córdoba, en los primeros estatutos dados a la universidad, ordena la creación de colegios de gramática, que después serían establecidos con  una estructura muy similar a la del Colegio Trilingüe; no será  hasta 1550, cuando D. Diego Enríquez Almansa, Obispo de Coria y visitador de la Universidad nombrado por Carlos V, ordene textualmente la fundación del Colegio Trilingüe.
Con lentitud, sobre todo por problemas económicos, la Universidad pone en marcha el proyecto, fundando el Colegio en 1554 con nueve colegiales (2 hebreos, 3 griegos y 4 retóricos) y al cargo de ellos un vicerrector y tres regentes. Tanto el número de colegiales, como los estatutos de la institución son modificados en diversas ocasiones, respondiendo a la azarosa vida del colegio, llegándose a admitir porcionistas que vivían, comían, estudiaban y cumplían los mismos estatutos que los colegiales pero que pagaban por ello.
El Colegio comienza su actividad en las Casas del Sello, en la antigua calle de Santo Tomás (probablemente cerca de la actual plaza de los Basilios); mientras, se construye su edificio de trazado renacentista bajo la dirección de Francisco Goicoa, en unos solares que la Universidad había adquirido detrás de San Agustín, añadiendole otros  que compró al Cabildo en las calles de las Mazas y Valflorido (calle de la Plata) y los terrenos de la vieja iglesia de San Salvador.
El colegio no funcionó bien en ningún momento, siendo cerrado en diversas ocasiones. Los colegiales encontraban cortas las salidas profesionales al estudio de las lenguas clásicas, en muchos casos utilizaban el colegio para aprender los rudimentos que le permitieran cursar otros estudios en la Universidad, otros sencillamente lo utilizaban de hospedaje.  Las violaciones continúas a los estatutos, la indisciplina, la falta de rigor en el castigo de las faltas, así como los desordenes en las cuentas y la utilización del edificio para otros menesteres de la Universidad, que por otra parte no podía económicamente mantener el colegio, son algunas de las razones de este mal aprovechamiento.
La situación, al menos la económica, empezó a cambiar con la concesión  en 1623 por parte de Urbano VIII de diversos beneficios eclesiásticos en los obispados de Salamanca, Zamora y Ciudad Rodrigo. Estas rentas, que fueron efectivas a partir de 1650 y que con el tiempo fueron mermando, permitieron el funcionamiento de la institución hasta que la Guerra de la Independencia en 1808 impide la actividad educativa.
En 1812, ocupada Salamanca, el ejército francés prepara la defensa de la plaza con la construcción del fuerte de San Vicente. Ante la necesidad de piedra y materiales de construcción, su mariscal, el conde de Ragusa, decide demoler el Colegio Trilingüe y el Colegio de Cuenca, prometiendo una compensación económica a las protestas del claustro universitario. Compesación que nuca llegará.
Acabada la guerra, se produce un intento de restablecimiento del Colegio Trilingüe, pero la paupérrima situación económica de la Universidad impide que llegue a consolidarse. El edificio quedó abandonado y en ruinas hasta que en 1860, por Real Orden del Ministerio de Fomento, se ordenó su reconstrucción para crear el Colegio del Príncipe Alfonso dedicado a internado de alumnos becados de enseñanza secundaria.
La reconstrucción fue llevada a cabo con el proyecto de José Secall que integraba elementos de su primitiva fábrica, como el claustro, ampliándose con nuevas construcciones y  colocando su fachada principal a poniente, frente al antiguo Colegio del Rey. Su presupuesto alcanzó el valor de un millón ochocientas cincuenta y nueve  mil ciento veinte reales, una cifra muy importante para la época, saliendo la obra a licitación en 1867.
Sin embargo el edificio no llegaría a cumplir la función para lo que había sido reedificado, ya que en 1880 sería alquilado al Ayuntamiento de Salamanca y subarrendado por  este al Ministerio de la Guerra, para instalar el regimiento de caballería de la Albuera, que antes había estado alojado en terrenos del convento de los Dominicos. Los problemas con el estado del edificio comienzan a manifestarse  a finales del siglo XIX y el regimiento de la Albuera amenaza con marcharse de la ciudad si no se le proporciona un acuartelamiento digno. En 1900 el arquitecto municipal Pedro Vidal prepara un proyecto de reforma que no llegaría a realizarse,  puesto que después de varios años de negociación, el Ayuntamiento cedió terrenos en el Ensanche para la construcción de nuevos cuarteles. El Regimiento de la Albuera se trasladó el 26 de junio de 1926 al nuevo cuartel en la Glorieta (Torres Villarroel).
En 1928, el edificio de la Escuela Normal de Maestras (Colegio de la Magdalena) sufre un espectacular incendio, quedando prácticamente destruido.  En una primera instancia fue trasladado al Palacio de San Boal y luego a la Hospederia de San Bartolomé en la que estaba instalada la Normal de Maestros. Posteriormente se determinó su nueva ubicación en el Colegio Trilingüe.
Joaquin Secall fue el encargado del proyecto de adaptación, que fue aprobado en mayo de 1934.
De nuevo la guerra, esta vez la Civil, impide que el edificio pueda cumplir su nuevo destino. El edificio recuperó los usos militares quedando ocupado por el Ministerio de la Marina y las fuerzas de la Falange, usos que poco duraron ya que el edificio padeció un voraz incendio el 28 de febrero de 1938.
Al finalizar la Guerra Civil, el instituto de segunda enseñanza tenía que abandonar las instalaciones del Noviciado Jesuita en el paseo de San Antonio, al haber recuperado la Compañía el edificio confiscado durante la Segunda República. Este hecho sumado a la necesidad de más espacio educativo para otras actividades universitarias,  hacen plantear la cuestión de la reedificación del Trilingüe. El 24 de junio de 1941, es aprobado un proyecto de Secall que posteriormente fue aumentado con dos pisos más. El edificio fue ocupado secuencialmente según avanzaban las obras. El instituto femenino “Lucia de Medrano” estuvo listo en 1943, el masculino “Fray Luis de León” tres años más tarde. 


Fachada principal del edificio del Trilingüe tras
la reforma de los años cuarenta
(Archivo Universidad de Salamanca)

El edificio aunque reformado se encontraba en condiciones muy precarias. Faltaba de todo: luces, puertas, incluso cristales en las ventanas, que no se repusieron hasta pasado bastante tiempo. Carecía de calefacción, de servicios y del material más elemental.(Web del Lucia de Medrano).


Aula del Instituto Fray Luis de León Trilingue.
(Archivo Universidad de Salamanca)

Pasillos interiores del Instituto Fray Luis de León Trilingue.


En 1964 un nueva intervención de ampliación y reforma con el proyecto de Victor D’Ors, quedó inconclusa al haberse determinado la instalación del “Lucia de Medrano” en una nueva ubicación en el barrio de Salas Pombo, traslado que fue efectivo en 1968.


Calle Balmes a finales de los años 60, la Facultad de Ciencias
ya está levantada, son los ultimos años del  edificio del Trilingue,
 a la izquierda  podemos ver todavia sin reformar la casa que
 fue Colegio de Santiago
(Archivo Universidad de Salamanca)

El edificio, ahora a medio ocupar, seguía necesitando una rehabilitación . De nuevo un proyecto de actuación, esta vez de Antonio García Lozano, quedaría sin realizar, al haberse determinado reubicar también el instituto “Fray Luis de León” y dejar el solar para usos universitarios, en concreto se trataba de edificar allí la Facultad de Farmacia. En 1974, el traslado del instituto masculino a su nueva ubicación, junto al femenino, había finalizado, quedando el solar a disposición de la Universidad en 1975. Los más de diez años pasados desde la propuesta de instalar allí la Facultad de Farmacia, fueron demasiados para mantener la intención y habiendo quedado construida la nueva Facultad de Farmacia en los terrenos de la antigua Feria de Muestras, se decide ubicar en el solar la Facultad de Físicas y Geología.
El derribo del edificio se produjo en agosto de 1977, dejando una gran explanada durante algunos años,  hasta que en el año 1987, una vez resueltas todas las dificultades administrativas y concedidas todas las licencias, se comenzó a construir, sobre la mitad occidental del solar, la nueva Facultad de Físicas. El edificio aún conserva en su interior una cuarta parte del claustro primitivo, habiéndose reconstruido el resto y  cubierto el conjunto con un techo acristalado de cuyo centro cuelga un péndulo de Foucault. Su inauguración se produjo el día 28 de octubre de 1989.
El resto del solar del viejo Trilingüe fue ocupado, años más tarde, por la Biblioteca  General de Ciencias, conocida como Abraham Zacut.



Claustro y péndulo de Foucault

Fachada principal de la facultad de Físicas



El Convento e Iglesia de los Agustinos, ni el recuerdo...

De antiguo, venía la presencia de los Agustinos en el barrio de la Judería. Pero no es hasta 1377 cuando el obispo Alonso Barrasa les cede, para la fundación de su convento, la cercana iglesia de San Pedro[1], con su cementerio y unas casas linderas con las de los religiosos. Poco a poco, al igual que su importancia conventual, creció su extensión hasta alcanzar unos 12000 o 14000 metros cuadrados, de lo que tenemos constancia por los planos de Fray Joaquín del Niño Jesús  realizados en 1815 para su reconstrucción después de su ruina durante la Guerra de la Independencia. Los planos se trazaron aprovechando las trazas antiguas.


plano del convento de Fray Joaquín del Niño Jesús

La construcción de la iglesia fue ajustada a principios de 1516 con el maestro Juan de Álava. En el contrato se especifica que debe de ser construida a la manera de la capilla mayor de la Victoria del convento de los Jerónimos (Fábrica de Mirat)  y ha de llevar el arte de la de D. Diego en las claves (los expertos no se ponen de acuerdo sobre esta capilla: la capilla del camarero D. Diego Maldonado en la capilla del colegio mayor de Fonseca, cuya finalización no parece ser tan temprana, o la capilla del claustro de la catedral que contiene el sepulcro de D. Diego de Anaya y Maldonado, fundada en 1442). En el contrato se ajusta la mano de obra en unos 300.000, los materiales en 160.000 maravedís y el tiempo de ejecución en dos años y medio.  
Se trataba de un templo de una sola planta, con crucero y capilla laterales, rematado en cabecera tripartita y plana, con un cimborrio central sostenido por cuatro grandes pilares. El prior Francisco Nieva mandó levantar el coro bajo en 1525 y en su parte superior quedaría el coro alto con traza de 1516 de Juan de Álava . Según el padre Herrera durante el priorato de fray Juan de San Vicente (1557-1563) se reedificó la capilla mayor dándole mejor forma y anchura siendo esta cabecera la que se dibuja en el Plano de Fray Joaquín del niño Jesús.
Ponz, en su “Viaje de España”, tomo XII, carta VII, elogia de esta forma su portada: “Pocas portadas de iglesia hay en Salamanca que merezcan la atención que ésta, pues, aunque admira el sumo trabajo de las de la Catedral y San Esteban, es de mejor gusto la de San Agustín”.
Se trataba de una portada con un gran arco, cubierta de ricas imágenes con ménsulas y doseles góticos. Presentaba tres cuerpos con un gran crucifijo en el central, la amplia entrada se componía de arcos ojivales concéntricos. Entrándose a la iglesia por el crucero.


Grabado de Urrabieta-Rico publicado en la revista
Museo Universal de 1868. Representa la ruina de lo que
probablemente fuera la  portería del convento de San Agustín

En la noche del 15 de agosto de 1589, un cohete prendió fuego a la techumbre del colegio de los Agustinos causando prácticamente la destrucción total del convento y su iglesia. Su reedificación fue enormemente costosa y mientras duró los clérigos estuvieron recogidos en una de las casas de D. Pedro de Zuñiga, oficiándose el culto en la cercana parroquia de San Bartolomé. A principios del siglo XVII se coloca en el templo un cimborrio de madera (cimborrio encamonado), tercero de su clase en España, bajo las trazas de Fray Pedro de San Nicolás que en ese momento dirige las obras de reconstrucción del convento.
En 1624 es contratado el retablo del altar mayor, que, según el P. Vidal, “es aún hoy una de las piezas más primorosas de este corte en Salamanca”. “Consta –según Ponz– de tres cuerpos –dórico, jónico y corintio– con ocho columnas cada uno y diferentes estatuas repartidas en él, muy bien ejecutadas por el estilo y gusto de Gregorio Hernández, como son las medallas o relieves en medio del segundo y tercer cuerpo y el Calvario encima. Hay también en este retablo algunas pinturas juiciosas”.
En octubre de 1744 otro incendio destruye totalmente la rica biblioteca del convento además de  la torre o espadaña de la iglesia y derritió las campanas.
En 1810, durante la guerra de la independencia, un nuevo incendio, tal vez provocado por las tropas francesas, asola el convento y marca el comienzo de su demolición. Solo quedó en buen estado la Iglesia. La toma de Ciudad Rodrigo el 7 de abril de 1812 tiene como consecuencia una oleada de destrucción en Salamanca con la demolición de muchos edificios sobre todo religiosos ya que en 1809, el rey José Bonaparte, había declarado la supresión de las órdenes religiosas. Entre los edificios demolidos estaba la iglesia de San Agustín, que los franceses temían pudiera servir de puente para el asalto de San Cayetano. El 7 de mayo de 1812 colocaron barriles de pólvora bajo los pilares de los arcos torales de sus naves. La gran explosión hizo caer sus bóvedas y gran parte de los muros, que probablemente utilizaron para refuerzo de sus fuertes. Las excavaciones arqueológicas sobre el solar ocupado por San Agustín han hallado pruebas, balas y botones de guerreras, de que las ruinas sirvieron de parapeto a las fuerzas aliadas en el asalto a San Cayetano.
Terminada la Guerra, las órdenes religiosas fueron restablecidas por decreto de las Cortes de Cádiz de 18 de octubre de 1812. Los Agustinos encontraron su convento totalmente destruido y aunque consideraron prioritario su reedificación, encontraron muchas dificultades ya que el decreto de 18 de febrero de 1813 prohibía pedir limosna para reedificar conventos en ruinas, así como admitir nuevos miembros. La reconstrucción, sin embargo se puso en marcha, presentándose en 1815 los planos de fray Joaquín del Niño Jesús. El proyecto respetaba las trazas del antiguo convento e integraba los elementos conservados, sin embargo fue desestimado por la Real Academia de San Fernando. Se hizo necesario encargar el proyecto a otro arquitecto, don Francisco de Parla, que siguió en gran medida las líneas del proyecto de fray Joaquín.
Se reconstruyeron diversas dependencias del convento, pero el 27 de junio de 1820 se publicó el decreto que volvía a suprimir las órdenes religiosas, aplicando al crédito público todos los bienes de monasterios, conventos y colegios religiosos. Los agustinos se vieron obligados a deshacer su comunidad.
La situación cambió nuevamente con la entrada de los Cien Mil Hijos de San Luis, dictaminando la junta de regencia una serie de disposiciones contra los frailes secularizados y a los exclaustrados se les ordenó volver a sus conventos. La anulación del anterior decreto fue firmada por el rey el 1 de octubre de 1823.
Los Agustinos, después de realizar las diligencias de reclamación pertinentes, continuaron la reconstrucción centrándose en las dependencias conventuales. Sin embargo de nada sirvieron sus esfuerzos porque de nuevo en 1835 fueron exclaustrados, teniendo que abandonar la ciudad el 20 de agosto de 1835.
El expolio posterior al que fue sometido el convento, con objeto de obtener materiales de construcción, supuso que la ruina física de la edificación fuera un hecho.


Ruinas de San Agustín 1849 (Pérez Villaamil)

En 1844, la comisión Provincial  de Monumentos de la Provincia de Salamanca, por iniciativa de la Central, informa de la necesidad de evitar la demolición de la portada de la iglesia debido a su buen gusto, inagotable riqueza y exquisitos adornos que brillan en el resto de la fachada la Yglesia que fue del convento de san Agustin y que en un concepto merece conservarse.


Ruinas de San Agustín- Charles Clifford 1853
"Álbum Photografías: Salamanca y Ávila expedición de 1853"

En 1856, con el propósito principal de recuperar el cuerpo de Fray Luis de León, fue objeto de una excavación arqueológica. El ataúd fue encontrado el 13 de marzo de 1856, tras diez días de excavación, depositándose sus restos en el inmediato edificio de la Magdalena (Normal de Maestras) y luego en el gobierno de la provincia para desde allí ser llevados a la Catedral y luego trasladados con gran pompa a la capilla de la Universidad.


Plano de la Iglesia de San Agustín, extraído del extracto del
expediente de la excavación de 1856

En la segunda mitad del siglo XIX, declarados en ruinas sus muros, el gobierno mandó derribar la fábrica aprovechando parte de sus materiales y vendiendo en pública subasta el solar. La venta recayó en D. Telésforo Oliva que construyó dos hiladas de casas de planta baja conformando las calles de la Longaniza, Oliva y  Cuenca.
Las cosas quedaron así durante casi 100 años, con las tres calles sobre el solar de lo que fuera convento de los Agustinos, con la sola mención del cambio de nombre de la calle Cuenca por el de Doctor Laguna, hasta que en 1963 se inician los trabajos para la construcción de un campo deportivo universitario, las "Pistas del Botánico", bajo un proyecto de Fernando Población. El recinto deportivo estaba en principio emplazado sin interferir en las tres calles, sobre el solar del antiguo colegio de Cuenca,  pero distintos problemas hicieron replantear la situación para cuya solución se determinó que el campo deportivo ocuparia también la calle Doctor Laguna. La calle fue expropiada ( hay que decir que muchas de las casas eran ya propiedad de la Universidad) y poco tiempo después el resto de las casas de la calle Oliva y Longaniza para coformar la actual calle Balmes. Gran parte del solar que ocupó el convento y la mayor parte la iglesia se encuentran bajo la calle Balmes y la plaza de Fray Luis de León y solo la parte que quedó en el recinto deportivo ha sido sometida a excavaciones arqueológicas serias, como consecuencia del abandono de las pistas deportivas al ser inauguradas la instalaciones de Salas Bajas. En su solar, la Universidad pretendia la construcción de la Biblioteca General de Humanidades del arquitecto luso Siza, proyecto que fue paralizado a causa del hallazgo de los restos del colegio Cuenca en 2001. Doce años después, con los restos arqueológicos a la intemperie, el solar sigue esperando una solución.
    





[1] Tenemos noticias de la iglesia de San Pedro en 1187, por la venta que hizo María Martín a Pedro Fernandez, de unas casas en el Azogue Viejo, en la calle que venía de San Pedro a Santa María (la Catedral). Fue reedificada en el siglo XIII, y en antiguos testamentos constan varios legados hechos para su obra. Para construir la torre mandó Alfonso X en Ávila, el 7 de Mayo de 1273, que los recaudadores de las tercias de esta ciudad diesen quinientos maravedís. La consagró en 1202 el obispo de Salamanca don Gonzalo, como consta en esta  antigua inscripción que se conservó en la iglesia del convento de San Agustín: IIII IDUS MAJI, DOMINUS EPISCOPUS GUNDISALVUS CONSECRAVIT HANC ECCLESIAM SANCTI PETRI APOSTOLI ERA MCCXL. (Macías, 1887)
Los diezmos y derechos parroquiales fueron trasladados a la cercana iglesia de San Bartolomé y dentro del acuerdo de cesión se incluía que el convento debería de llamarse de San Pedro.



El Colegio Mayor Santiago Zebedeo (Cuenca)

El Colegio Mayor de Cuenca, junto al de San Bartolomé, el de Oviedo y el de Fonseca constituían los cuatro colegios mayores de Salamanca; y junto al de Santa Cruz de Valladolid y el San Ildefonso de Alcalá, los seis únicos de España.
Fundado por D. Diego Ramírez de Villaescusa, colegial de San Bartolomé. Destacó como un brillante estudiante, siendo nombrado Canónigo Magistral en Jaén y posteriormente Obispo de Astorga. Ejerció de  capellán mayor y consejero de Juana “la loca” y en 1500 fue nombrado obispo de Málaga, obispado que cambio por el de Cuenca en 1518.

Retrato de D. Diego Ramírez de Villaescusa
cuyo original se conserva en la Catedral de Cuenca

Precisamente en Cuenca, su tierra, había tenido la intención de fundar una Universidad, pero renunció al proyecto al saber que el cardenal Cisneros la iba a fundar en Alcalá de Henares.
Cambió de planes para fundar en Salamanca un colegio bajo la advocación y patronato de Santiago Zebedeo, para el que obtuvo la debida aprobación, confirmación y concesión de todas las gracias y privilegios que gozaban los otros colegios mayores. Fue fundado para veintidós colegiales de voto y dos capellanes, con cuatro familiares a su servicio. Vestían manto cerrado morado y beca morada. 
Aunque la historia de los inicios de la  institución es muy confusa, parece aceptarse la fecha de 1500 como la de su fundación y aunque en los libros de Claustros de la Universidad aparece en 1527 una carta de su fundador “sobre el colegio que quiere edificar”, parece que los colegiales habitaban ya en casas alquiladas frente a la Parroquia de San Adrián (Plaza de Colón), en la casa llamada de Placentinos. El libro de “Cadena”, llamado así porque se guardaba pendiente de una cadena en el arca del colegio,  donde firmaban las constituciones colegiales y capellanes comienza en 1518, con la inauguración del nuevo edificio. Es muy probable que continuara la compra de solares y materiales de construcción con el objeto de engrandecer la obra. El edificio originario siguió las trazas de Juan de Álava que intervino en  su construcción a partir de  1527, mientras participaba en la construcción de la Catedral Nueva. El Claustro debió de ser una maravilla del Renacimiento a juzgar por la descripción que hace Antonio Ponz (“Viage de España”, tomo XII, 1772-1794) del mismo:
«Lo que queda de la edad del fundador es tan singular en su línea, que para poderlo concebir es necesario venir a verlo y considerarlo. Tales son los ornatos de los cuatro lienzos del patio y galerías que los cercan, cuyo trabajo y diligencia no solo es difícil de describir pormenor, pero también de comprender, y de que hubiese constancia y paciencia para hacerlo y aun dinero para costearlo. Por tanto no me parece mucho que el fundador gastase ciento cincuenta mil ducados (aunque por los años de 1500 era gran suma) en lo que mandó hacer, porque ahora, prescindiendo de la mas o menos excelencia en el arte, creo que no se haría con algunos millones, atendiendo solamente a la ejecución. Fórmase, pues, de una galena baja con veinte arcos, en cuyas enjutas hay medallas con medias figuras casi del todo relevadas. Los capiteles de las columnas son de labores muy menudas y caprichosas y de prolija ejecución, como los otros adornos. El segundo cuerpo sorprende mas, porque no solamente los capiteles de las columnas, sino las ménsulas que hay sobre ellos, el antepecho y todo el cornisamento está lleno de infinitas labores ; es, a saber, figuras desnudas, angelitos, animalejos, follajes y otras mil cosas. Estas eran a la verdad, muchas, con que adornaban la arquitectura en aquel tiempo, y acaso no se pudo de otra manera hacer que se olvidase la costumbre gótica; pero en cada una de por si se encuentran buenas formas y la inteligencia que consigo iba trayendo la resurrección de las bellas artes en Europa. Algunas de las cosas referidas están mas bien entendidas, y no podía dejar de ser, porque era necesario que se ocupasen en tanto trabajo muchas manos, que no serian igualmente diestras, aunque todas trabajasen por unos mismos dibujos y bajo una misma dirección. Hay en este segundo cuerpo cuarenta medallas, al modo de las del primero, con cabezas, y esto por los lados que miran al patio, pues por los que miran a las galerías hay otras tantas. Se representan en ellas personas esclarecidas en todos tiempos y en diferentes clases; práctica muy usada en los edificios de este estilo que entonces se ejecutaban, en lo que yo creo pensaban los fundadores, señaladamente en casas destinadas para la instrucción, excitar la virtud y el heroísmo, poniendo a vista dichas imágenes de personas ilustres y virtuosas. Entre la galería alta y baja, hay otra intermedia, que sigue las tres caras del claustro, con otro grandísimo número de adornos, como los que quedan referidos. Semejantes obras merecían estar preservadas de las inclemencias del tiempo, que al fin hacen en ellas sus regulares efectos. »

En el periodo 1725-1738 se construyó, con el proyecto de Alberto Churriguera, la fachada principal y la escalera en el lado noreste en la misma situación que en la traza original. La escalera, de cuatro tramos y  formada por piezas enteras de granito, constaba de 43 peldaños cada una de un pie de tabica y media vara de huella. Según Castro y Rupérez, se trataba de una escalera ancha y de pendiente suave y posiblemente tuviera un gran parecido con la escalera del Soto en el Convento de San Esteban y la del colegio militar de Calatrava. El costo de la escalera fue muy elevado, superando los 20.000 ducados y fue una de las mejores piezas arquitectónicas de Salamanca.
Entre 1756 y 1764 se construyó la fachada frente a la calle Gloria, en la plazuela junto a la hospedería del Colegio de Oviedo. Aquí se hallaban el zaguán, la librería, el general, la sacristía, la nueva capilla y otros departamentos de la comunidad.
El 18 de febrero de 1778 fue concedida licencia para la nueva capilla del colegio de Cuenca, probablemente en el esquinazo que formaba el edificio al final de la calle de San Pedro frente al coro de la iglesia del convento de los Agustinos, la obra fue adjudicada a Jerónimo García de Quiñones por licitación de la provisión solicitada a varios arquitectos. El costo previsto era de 20.000 reales, pero ante las dificultades constructivas este importe creció sobremanera, tanto es así que solo para decir misa fue preciso un desembolso de 40.000 reales.
En 1798, Carlos IV decretó la supresión de los colegios. La universidad tomó posesión del edificio, subastando el contenido del colegio. Un año después el edificio pasó a albergar las instalaciones de la Facultad Reunida (Medicina y Cirugía): Jardín botánico, laboratorio químico, museo de simples, hospital clínico, aulas y demás oficinas necesarias.
Desde 1809 el edificio fue utilizado como cuartel por las tropas ocupantes francesas y en 1812 su Mariscal, el conde de Ragusa, comunica a la universidad la intención de demolerlo junto con el convento de San Agustín con el objeto de obtener materiales de construcción para el fuerte de San Vicente. Las protestas del claustro son acalladas con la promesa de una compensación económica que nunca se produjo.
Terminada la guerra, las ruinas del Colegio de Cuenca no presentaban un deterioro físico total, según Villar y Macías en 1842 se podía observar casi la mitad de la estructura. Se distinguían medallones con retratos de prelados y caballeros. La ornamentación de las ventanas mostraba la magnificencia que debió tener el edificio. Sin embargo fue objeto de un severo expolio en busca de materiales de construcción, incluso la universidad autorizó en 1868 la toma de piedra para rehacer el Trilingüe.
En el solar donde estuvo el colegio, don Carlos Luna Beovide edificó a inicios del siglo XX una “fábrica de Luz” que permaneció hasta 1951 cuando fue destruida por el fuego, abandonándose definitivamente.
En 1963, sobre su solar se inician los trabajos para la construcción de un campo deportivo universitario, las "Pistas del Botánico", bajo un proyecto de Fernando Población que no se llegaría a completar. Las Pistas comenzaron a dar servicio en 1965 y fueron remozadas en 1976, atendiendo algo más a la idea del proyecto inicial. Estarían en uso hasta la inauguración de las instalaciones deportivas universitarias de Salas Bajas.


Restos del colegio de Cuenca, foto "Segunda Campaña
de excavación arqueológica solar del Botánico 2001"

En su solar la Universidad pretendía la construcción de la Biblioteca General de Humanidades, proyectada por el arquitecto luso Siza. Proyecto que fue paralizado a causa del hallazgo de los restos del colegio en 2001. Tras los estudios arqueológicos pertinentes, se desestimó el proyecto en 2005 y el solar con los restos a la intemperie sigue esperando una solución.