Cuesta y Plaza de Carvajal

La cuesta salva el desnivel entre la Plaza de Carvajal y la Calle San Pablo. Estuvo atravesada por la cerca celtibérica que rodeaba el castro de Salamanca. Todavía hoy podemos observarla en una o dos hiladas corridas de bloques de granito apoyados directamente sobre las
areniscas del suelo, donde forman parte de un cubo rectangular bajo la llamada Torre de Villena. Más tarde también fue atravesada por la cerca medieval construida sobre la anterior o paralela a ella, como se observó en 1999 en la excavación arqueológica dirigida por Macarro Alcalde, en un solar en lo alto de la cuesta de Carvajal esquina con la calle de San Vicente Ferrer, en donde se identificaron dos tramos de muralla; el más antiguo, de unos catorce metros, perteneciente al muro celtibérico del castro salmantino construido durante los siglos II y III antes de Cristo, el otro y paralelo al anterior correspondiente a un tramo de la Cerca Vieja medieval. El camino de acceso al postigo abierto en la muralla, que defendía la iglesia de San Cebrián intercalada en ella, pudo haber sido el origen de esta calle. Los restos arqueológicos encontrados en la zona demuestran indicios de actividad comercial ya en época prerromana, manteniéndose durante la edad media por su cercanía al Azogue Viejo o plaza vieja de la ciudad en torno a la Catedral Vieja. En la Plaza de Carvajal, llamada durante mucho tiempo, al igual que la cuesta, como de San Cebrián, conocemos la existencia de la casa de los Abades, donde tal vez nació D. Alfonso de la Laguna, dudoso obispo de Zamora. La casa, propiedad de su madre, fue legada al Cabildo y en ella se instaló el Colegio de Alcántara y más tarde el de los Irlandeses, hasta que por fin sobre su solar se edificó el Seminario de Carvajal. Tras la desaparición de la iglesia de San Cebrián, la cuesta recibió hasta el siglo XVII el nombre de cuesta de Buenaventura, para ser conocida posteriormente como cuesta del Seminario de Carvajal, apocopada en muchos casos como cuesta del Seminario o cuesta de Carvajal.


Cuesta de Carvajal en el plano basado en
Francisco Coello de 1858 y en 2012






foto 1. Cuesta de Carvajal y San Esteban. Cándido Ansede.


foto 2. Colegio de Carvajal. Cándido Ansede.









LA IGLESIA DE SAN CEBRIÁN

Conocida por Iglesia de San Cebrián, San Ciprián o San Cipriano; fue fundada en 1141 por los Francos en la zona del Azogue Viejo, al Este de Santa Maria de la Sede. Tenemos noticias de ella en 1156, por la donación al Cabildo por parte de Martín Franco y de su mujer Melina de una casas de su propiedad situadas en su feligresía y en 1199 por la venta hecha al cabildo de unas casas por Pedro Manacino y su mujer Lupa, venta en la que fue testigo un tal Giraldo que era clérigo de San Cebrián. Construida sobre la primitiva cerca de la ciudad, dejaba su ábside fuera de ella como si se tratara de un cubo de la misma, destinado a defender el postigo aledaño, nombrado como postigo de San Cebrián por razones obvias.

Durante el siglo XII y XIII, debido a su cercanía al Azogue Viejo, la zona donde se encontraba San Cebrián mantuvo un marcado carácter comercial. La perdida de ese espacio, en favor de otras zonas de la ciudad, ocasionó el declive de la iglesia que ya presentaba un estado de ruina antes de terminar la edad media. Sin duda, la cercanía de la catedral contribuyó a este declive pues impidió que se formara en el entorno de la iglesia un espacio propio de asentamiento y de influencia.

Fue suprimida y agregada a la de San Polo en 1580. En 1584 su piedra fue vendida por 170 ducados para la construcción de la Catedral Nueva. En su lugar se instaló una cruz para preservar su memoria, que permaneció allí hasta finales del siglo XVIII cuando fue desmontada por unas obras de restauración en el Seminario de Carvajal. Hoy se encuentra situada en el cementerio de la ciudad.
Se conserva parte de los paramentos de su sacristía, así como partes del suelo y cimientos. La sacristía conocida como "la Cueva de Salamanca" y que constituía la base del ábside de la iglesia, siempre estuvo rodeada de un halo de misterio, ya que la tradición popular consideraba el lugar como la profundísima cripta o cueva que servía de aula al diablo para impartir clases de ciencias ocultas. Leyendas que, tal vez, también contribuyeron a su desaparición. Sin embargo, la sacristía no tenía nada de profundísima cripta y era subterránea en la medida que era preciso descender a ella desde el nivel del suelo de la iglesia, pero en el exterior es muy probable que quedase totalmente libre debido a la intensa pendiente de la ladera en la que se encontraba.
Tras su demolición, los restos quedaron integrados u ocultos en las construcciones que ocuparon su lugar, probablemente pasó a pertenecer a la casa del Mayorazgo de Albandea, cuya entrada se encontraba en la calle de los Escuderos (Hoy último tramo de la calle San Pablo) y que fue derribada en el siglo XIX para ensanchar la calle de los Escuderos y la de Buenaventura ( hoy cuesta de Carvajal), posteriormente fue trastero de una panadería e incluso carbonería como todavía alguien recuerda.

En 1993 la Cueva de Salamanca fue abierta al público junto a la llamada Torre de Villena y un fragmento de la muralla, pero el conjunto arquitectónico victima de la humedad y de los actos vandálicos hubo de ser de nuevo rehabilitado en 2004, siendo hoy día un lugar muy visitado por propios y extraños.




LA LEYENDA DE LA CUEVA DE SALAMANCA


Las raices...

Desde la más remota antigüedad, la raza humana ha tenido una gran curiosidad por lo oculto, lo misterioso y lo mágico; canalizándola a través de una gran variedad de religiones y cultos. Los habitantes del antiguo castro celtibérico de Salamanca no fueron una excepción, con seguridad adoraban dioses astrales como el sol y la luna, practicaban magia y la adivinación por medio de las estrellas y de las fuerzas de la naturaleza; la situación de la cueva de Salamanca en la ladera este, mirando al naciente, nos hace pensar que se tratara de un lugar destinado al culto del Sol, iniciando de este modo su legendaria clasificación como lugar mágico.

Con la llegada del cristianismo, las viejas creencias, sus rituales y sus lugares mágicos fueron condenados y considerados inmundos. Sin embargo, la implantación del cristianismo fue lenta en la región del Duero, permaneciendo durante mucho tiempo una gran variedad de cultos autóctonos, que sumados a los que la romanización había introducido se amalgamaron con los ritos de la religión recién llegada, dando lugar al gran sincretismo imperante durante los primeros siglos de nuestra era. Es fácil que este lugar mágico, continuara siendo mágico y fuera, a la vez, un lugar inmundo, justificando de esta forma su condición de lugar demoniaco. Tampoco habría de extrañarnos la elección del sitio para erigir una iglesia, entendiendo el hecho como una cristianización de un lugar sagrado destinado a antiguos rituales paganos y, aún menos, debe de extrañarnos la elección del santo al que se le dedica, San Cipriano de Antioquia, patrón de las artes mágicas, de los hechiceros y de las brujas, mago y gran nigromante antes de convertirse al cristianismo y cuyo culto proteje de maleficios de cualquier tipo, se le atribuye la autoría de un grimorio o libro de fórmulas mágicas, libro intensamente buscado y deseado.

La Universidad es otro de los pilares básicos en los que se apoya el origen de la mágica leyenda. Su creación en 1218 debió causar gran desasosiego en el pueblo llano, constituyéndose como un establecimiento misterioso donde una minoritaria y aislada secta dedicaba horas al estudio, entregados a los libros y hablando en un extraño idioma que no comprendían: el latín. Nada más alejado de sus mundanas y reales vidas, por lo que no sería difícil asociar las ocultas actividades de la Universidad con las malvadas tramas del diablo.

Entre los siglos XII y  XV, la fama de la cueva fue creciendo a través de la transmisión popular,  superando los límites de la ciudad. Debido, en gran medida, a la actuación de la Inquisición, se atribuyó su malignidad a las influencias de musulmanes y judíos, culturas que de algún modo asociaban el estudio de la magia con el de las ciencias. La Inquisición, o su espíritu, consiguió además que los Reyes Católicos ordenaran tapiar la cueva <<caementis saxisque>>, con piedra y argamasa, en un hecho paralelo a la expulsión de los judíos y musulmanes. Se trataba de expulsar a los enemigos del cristianismo, incluso los etéreos.

Sin embargo la leyenda no murió, añadiéndose sugerentes variantes de como acceder a la bloqueada cueva.
Pronto la transmisión pasó de ser popular a ser culta y literaria, y escritores como Cervantes, Rojas Zorrilla, Ruiz de Alarcón y Hartzenbusch lograron que su fama fuera universal.

La Leyenda...

Existía en La iglesia de San Cipriano una sacristía subterránea, a modo de cueva, a la que se llegaba descendiendo unos veinte pasos. En ella el diablo (a veces sacristán, a veces bachiller y a veces cabeza parlante) enseñaba artes mágicas, nigromancia, astrología judiciária, geomancia, hidromancia, piromancia, aeromancia, quiromancia, etc. Los alumnos era siete a la vez y estudiaban por espacio de siete años (siete son las artes liberales: Trivium y cuatrivium, siete las virtudes y siete los pecados capitales). La enseñanza se realizaba los sábados, el mismo día que los judíos realizan sus ritos sagrados, y por la noche, cuando la gente de bien descansaba y no podía encontrarse con brujas, demonios o estudiantes. Como pago, al término de la enseñanza, uno de los discípulos quedaba en poder el diablo para la eternidad (en algunas versiones, por sorteo uno de los estudiantes pagaría un estipendio monetario sin determinar y si el estudiante no podía hacer frente a la deuda, perdería su alma).
He aquí como entra en escena nuestro protagonista, identificado mayoritariamente como D. Enrique de Salamanca, Marqués de Villena (elegido en referencia a Enrique de Villena, Maestre de Calatrava (Torralba de Cuenca, 1384 - Madrid, 1434), famoso literato y sobre todo astrólogo, que nunca fue Marqués a pesar de ser su legitimo heredero, por la venta de su señorío para pagar una deuda contraída por la familia), al que le tocó ser deudor y quedar en poder del diablo.
El Marques logró escapar del encierro engañando al diablo, escondiéndose en una tinaja y dejando un libro de magia abierto en un sortilegio de invisibilidad. Al encontrar la estancia vacía, el diablo creyó en la eficacia del sortilegio y salió dejando la puerta abierta, lo cual aprovecho D. Enrique para huir, pero al verse libre comprobó que había perdido su sombra que quedó, para la eternidad, en el interior de la cueva.(Probablemente este añadido del Marques y su engaño sea una aportación del siglo XV o posterior)

Variantes...

Muchas son la variaciones sobre la leyenda y el nombre de sus protagonistas, por ejemplo: Don Francisco de Torreblanca en su libro De Magia, da nombre de Clemente Potosí al diabólico sacristán y el escritor portugués Francisco Botello de Moraes, en su obra Historia de las cuevas de Salamanca (1734), hace dirigir la cueva a la Madre Celestina y a Mariálvara, una demonesa con cuerpo de mujer y patas de cabra. El personaje de D. Enrique es sustituido en otras variantes por el sacerdote Pierre de Axular e incluso, no hay acuerdo con el nombre de la cueva que D. Diego Perez de Mesa, catedrático de la universidad de Alcalá y cursante de esta por los años de 1560, llama de Clemesin.



EL SEMINARIO DE CARVAJAL


Fue inaugurado en 1662, si nos atenemos a la fecha que indica la inscripción en pizarra de su fachada. Fundado, mediante testamento otorgado el 24 de octubre de 1649, por D. Antonio Vergas [1] de Carvajal, "vecino y regidor que fue de esta ciudad: Hijo de los señores Dotor Rafael Rodriguez de Carvajal y Doña Antonia de Vergas. Dejo por patronos al señor Obispo y a los señores Dean y Cabildo de esta ciudad y a sus hermanos por sus vidas". La tradición suele argumentar las razones de la fundación con la siguiente anécdota: D. Antonio al carecer de hijos había otorgado testamento en favor del Hospital General, pero cierto día observó como un pobre zapatero sin apenas recursos adquiría una anguila por un elevado precio, que a juicio de D. Antonio no se podía permitir y que debería reservar el dinero para el caso de caer enfermo, a lo cual el remendón le contestó que si ese era el caso acudiría al Hospital donde le tratarían gratuitamente. El enfado del regidor fue tal, que canceló el testamento en favor del Hospital y otorgó el mencionado para la fundación del seminario, añadiendo la clausula de que en él no fueran admitidos  los hijos de zapateros.
Su muerte, acaecida el 11 de octubre de 1659, inició la vida de este seminario que abrió sus puertas con veinticuatro colegiales elegidos por los patronos.
El seminario, dirigido por un rector, generalmente eclesiástico, tenía por objeto recoger niños huérfanos de solemnidad, mantenerlos y educarlos en las primeras letras, para lo cual disponía de un maestro, y atender sus necesidades básicas. Al llegar a la edad de aprender un oficio se les buscaba un maestro pagado por el seminario y cuando terminaba el aprendizaje abandonaban el colegio, con un vestido completo y una pequeña cantidad de dinero. Si el niño era apto para el estudio se le daba carrera literaria.
Su traje consistía en un sombrero redondo, chaqueta de paño pardo con mangas azules, calzón corto, medias de lana azul, zapato de oreja larga con botón de metal y en tiempo de invierno un capote sin cuello.
El edificio de dos plantas en ladrillo, fue un proyecto de Pedro Mato, sacerdote jesuita. El piso inferior presenta una puerta de entrada con grandes dovelas almohadilladas, en el lado derecho hay una ventana adintelada con reja y en el izquierdo una puerta más pequeña. Sobre la puerta se encuentra la inscripción en pizarra antes mencionada y sobre ella el escudo de su fundador. Las ventanas del segundo piso son arcos de medio punto también con grandes dovelas y en el tejado una espadaña de ladrillo que hoy no existe pero que podemos ver en la fotografía.
En su interior existía una iglesia con un retablo de Francisco García de Ardero realizado en 1669 y el sepulcro con la figura orante de su fundador.
Sufrió un incendio en el año 1791, siendo reconstruido al año siguiente.
A finales del siglo XIX ejerció de escuela de instrucción primaria, admitiendo niños por una módica retribución pero sin perder el objeto de la fundación cada vez más mermada de rentas. En 1893, también se estableció como academia de música para niños mayores de ocho años con 14 plazas, 12 de solfeo, una de violín y otra de piano, a cuyo frente se encontraban los maestros de música de la Catedral. Hasta 1907 en uno de sus locales estaba establecida la imprenta "Calatrava" de carácter eclesiástico (en ella se imprimía el periódico "la semana católica de Salamanca") que llegó a ser acusada de explotación de los niños.
Perdemos la pista del colegio en los años 30 del siglo XX, años en los que tememos fue cerrado.
En 1986 el edificio se adaptó para ser una residencia de ancianos, con el nombre de "Transfiguración del Señor" y dirigida por el sacerdote Sergio Euplio Heredia Corrales, que recordamos fue candidato en las elecciones de 1979 por el partido Unión Nacional (UN), coalición política formada por Fuerza Nueva, Falange Española de las JONS, Círculos Doctrinales José Antonio, Comunión Tradicionalista, Asociación de Jóvenes Tradicionalistas y Confederación Nacional de Combatientes y cuya relación con el clero salmantino fue clasificada en algún caso como de violenta.
En el año 2000, un sospechoso incendio acabó prácticamente con el edificio y cerró definitivamente la residencia, dejándonos únicamente la pared de la fachada.
El solar pertenece al obispado a través de la Fundación Colegio Niños Del Coro-Seminario Carvajal de Salamanca y sigue sin un destino claro, a pesar del protocolo firmado con una empresa privada para convertir el solar en un hotel, para lo cual se aprobó una modificación del Plan General de Ordenación Urbana en la que se varia la calificación de la parcela (ORDEN FOM/664/2011, de 2 de mayo). La referida empresa parece estar muy afectada por la actual crisis económica, razón que parece ser la causa de no haberse iniciado la reforma.

[1] Vergas y no Vargas, como bien indica el profesor Julián Álvarez Villar.



LA TORRE DE VILLENA

Esta torre, conocida como "Torre de Villena" por su inmediatez a la Cueva de Salamanca, es una construcción del siglo XV que se apoya sobre unos de los cubos de la primitiva cerca de la ciudad, probablemente sea el único resto del Palacio Mayorazgo de los Abandeas que sobreviva. En la puerta de acceso y en las esquinas de lo alto de la torre presenta escudos de la familia Sanchéz de Palenzuela a la que, por tanto, parece haber pertenecido. Este escudo aparece, con sombrero y borlas prelaticias, en la capilla dorada de la catedral Nueva que fundó en 1525 el señor D. Francisco Sanchez de Palenzuela, dudoso arzobispo de Corinto, arcediano de Alba y canónigo de Salamanca. El escudo se repite en otras lugares de la ciudad como en los restos de la cercana iglesia de San Polo, en dinteles de casas de la calle Placentinos y  Rabanal. 
La torre totalmente desnuda en su interior, ha sido dotada de una escalera metálica que permite llegar a su parte superior que constituye un magnifico mirador.





¿Está el Seminario de Carvajal sobre el solar de  la Casa de Pleberio, padre de Melibea, donde se desarrolla parte de la obra de la Celestina?

Esta en la teoría que parecen mantener Dorothy S. Severin de la Universidad de Liverpool y Joseph T. Snow de la Universidad de Georgia en esta nota en la revista Celestinesca de mayo de 1988 pág 55-58.




Otra razón de porqué desapareció la fiesta de a matar la Vieja......

En la tarde del jueves, una partida de más de cien muchachos, de los "mejor educados y decentes" de las parroquias de San Cristóbal, San Román y Santo Tomás, después de sacudir con tremendas porras las puertas de las casas en que vivía algún viejo y de producir con esto los escándalos consiguientes, acometieron en la cuesta del Seminario Carvajal á un pobre aguador, por el gran delito de haber nacido medio siglo antes que aquellos héroes en embrión. El pobre aguador trató en un principio de resistirse á aquella turba, pero las pedradas por un lado y por otro los insultos, acobardaron de tal modo al anciano, que vióse en la precisión de demandar el auxilio de un militar que no sin gran trabajo logró alejar á tales pilletes. El pobre aguador encontróse después de la tempestad con dos. cántaros rotos. Todos los años clama la prensa salmantina contra la salvaje costumbre de matar el viejo, y todos los años se repiten las mismas escenas: ¿quién tiene la culpa de estas perturbaciones en el orden público? 

El Progreso, 4 de abril de 1886