Calle de Doyagüe




Calle medieval llamada, desde antiguo, calle del Acre por desembocar frente a la Puerta de Acre de la Catedral Vieja. En esta puerta, durante los siglos XII y XIII, muchos notarios ejercieron su actividad.
La antigüedad de la Calle del Acre la atestiguan escrituras del año 1150. En 1843, el Ayuntamiento de Salamanca, tras la muerte del insigne músico Manuel José Doyagüe, acordó dedicarle esta calle en la que vivió. Actualmente ha perdido parte de su viejo trazado al desembocar en la Plaza de los Leones, creada al derribar las casas en la confluencia de las calles Doyagüe y del Arcediano (antes de los Leones).


Calle de Doyagüe en el plano basado en
Francisco Coello de 1858 y en 2012






foto 1. Calle de Doyagüe - Candido Ansede.


foto 2. Esquina de la calle de Doyagüe.











Manuel José Doyagüe


Manuel José Doyagüe (Salamanca,1755- Salamanca,1842),  compositor de música religiosa que permaneció toda su vida al servicio de la catedral salmantina sin apenas salir de Salamanca. 

Imagen de Manuel José Doyagüe
 perteneciente al fondo fotográfico
del Archivo Catedral de Salamanca

Doyagüe fue el último profesor universitario de música antes de la supresión de la cátedra, padeció los rigores de la época que le tocó vivir, sufriendo reducciones de salario durante la ocupación francesa, el trienio liberal y la desamortización de Mendizábal. 
Estudió y enseñó en la catedral salmantina, fue profesor interino de la Universidad y Profesor Honorario del Conservatorio Superior de Madrid.
Fue cofundador de la Sección de Música de la Escuela de San Eloy, donde enseñaron maestros como Francisco Asenjo Barbieri y estudiaron, entre otros, Tomás Bretón y Martín Sánchez Allú. Supuso esto su participación en el cambio del sistema de enseñanza musical del antiguo régimen, basado en música religiosa con alumnado exclusivamente masculino, a un sistema laico en el que se admitieron mujeres como alumnas y profesoras.
Doyagüe dirigió dos de sus obras en Madrid, lo que contribuyó enormemente a su reconocimiento como músico, la primera de ellas fue en el año 1817, cuando dirigió en la Capilla Real su Te Deum en re mayor para dos coros y orquesta para la celebración del nacimiento de una hija del rey Fernando VII y la reina consorte Isabel de Braganza; y la segunda, en 1830, donde  interpretó, en el Palacio Real, su Gran Misa en sol mayor con orquesta completa y órgano obligado a 4 y 8 voces.
Cuatro meses después de su muerte, acaecida el 18 de diciembre de 1842, el Ayuntamiento de Salamanca le dedicó un importante homenaje, colocando una placa conmemorativa en el cementerio de la ciudad donde dispondría de un nicho a perpetuidad, y dedicándole el nombre de la calle donde vivió. La placa rezaba del siguiente modo:


Al mérito eminente y modesto.
A la inspiración religiosa y profunda.
Al genio inmortal de la armonía sagrada,
Al hijo esclarecido de Salamanca,
A D. Manuel José Doyagüe,
Para perpetua memoria,
El Ilustre Ayuntamiento constitucional,
Año de 1843

                                   
En 1869, sus restos fueron trasladados a Madrid para ser enterrados en el panteón de los hombres celebres de San Francisco el Grande.
Pero el Ilustrísimo Cabildo reclamó los restos en diversas ocasiones, logrando traerlos a Salamanca el 22 de diciembre de 1884. Fueron depositados en la Capilla de Santa Catalina, vulgarmente conocida como del Coro, y prácticamente olvidados.

fotografía de 1900, publicada
en "la Basilica Teresiana"

El proyecto del Mausoleo para los restos de Doyagüe en la Capilla de Santa Catalina fue encomendado al arquitecto Sr. Repullés y la ejecución del mismo se encargó el escultor Sr. Tarragó. El monumento fue inaugurado solemnemente el día 14 de septiembre de 1899, con asistencia de la Excma Corporación, una Comisión del Claustro y el Cabildo Catedralicio en pleno.

Bibliografía:
Montero García, Josefa (2011) La figura de Manuel José Doyagüe (1755-1842) en la música española. Tesis Doctoral.





Descubrimiento de sepulcros medievales

La calle de Doyagüe, como toda la zona interior a la cerca vieja, estuvo habitada desde tiempos remotos; no es de extrañar la aparición de restos arqueológicos con cualquier movimiento de tierras que se realice. Esto es lo que ocurrió en julio de 1900:


el lábaro 14 julio 1900

SEPULCROS ANTIGUOS
Con motivo de una atarjea que para servicio de la Catedral, se está construyendo en la calle de Doyagüe, han aparecido unos sepulcros, a metro y medio de profundidad, junto á la fachada del Colegio de Carvajal. Los sarcófagos tienen todos la misma forma, esto es, la de una caja de piedra, sin fondo, de suerte que el cadáver descansaba directamente sobre la tierra. Pequeñas y blandas piedras areniscas de 30 centímetros de altura, forman las paredes laterales de la caja que, más ancha hacia los lados correspondientes a los hombros que a los de los pies y con una abertura semicircular para colocar la cabeza, aparece cubierta por varias losas de pizarra, desprovistas de todo grabado, ornato, símbolo o inscripción. En el interior de las urnas, excepción hecha de unos cuantos diminutos y fácilmente pulverizables huesos, únicos restos que han podido recogerse, tampoco se ha encontrado objeto alguno o moneda que marque la época de construcción de esta cía se de enterramientos. Tal género de sepulturas estuvo en uso entre los cristianos después del siglo X de nuestra Era y todo induce a creer que las de la calle de Doyagüe pertenecen a los tiempos en que se repoblaba Salamanca y levantaban los muros de la Catedral.




Una calle decadente

Las fuentes de fines del siglo XIX nos muestran Salamanca como una ciudad decadente y destartalada, de calles tortuosas, sin empedrar y sucias, de malos olores y con una absoluta falta de higiene. (ver Ref:00012)
Son numerosas las referencias en la prensa salmantina a esta situación en esta calle, sirva de ejemplo el siguiente aviso publicado en "El Lábaro" del 9 de noviembre de 1897



Por la higiene
Rogamos al Sr. Alcalde ordene una visita de inspección á la calle de Doyagüe, pues se halla convertida en un vertedero público. El transeúnte no halla medio de poder atravesar por algunos sitios de la citada calle, pues por el centro corre a menudo un manso arroyuelo y no de cristalinas aguas, y por los costados, no corren, empero se estacionan sólidas, y no menores mal olientes aguas.
Algunos vecinos se preguntan si pertenecerá al extrarradio la manzana de casas adyacentes a calle de Doyagüe, el inmortal músico salmantino.